DIA 12 (26 de Julio)-Parque de la Victoria y Metro de Moscu (2/2)

(cont.) Estuvimos esperando un buen rato, haciéndonos fotos, hablando y sintiendo esa emoción que se siente al hacer un viaje, especialmente si es en tren y más aun si estas a las 12 de la noche tirado en un andén esperando un tren el cual desconoces por completo con gente que no habla ningún idioma parecido a los que conoces. Estas cosas son las que te hacen viajar, es lo que te engancha y es lo que a mi en particular más me gusta porque es en este momento en el que todas las cosas de tu vida diaria quedan atrás y solo tienes en mente eso que te va a suceder o que te está sucediendo. Abandonar la rutina, lo cotidiano y sentirte salir de la alineación a la que estamos sometidos. Es la verdadera sensación y sabor de la libertar.

Esperando tren a Ekaterimburgo

De repente hizo acto de presencia el tren, nuestro nexo de unión con el viaje, el verdadero protagonista.

La verdad es que nosotros imaginábamos el tren como el Estrella Roja, un tren muy cómodo y nuevo…en fin, que teníamos unas altas expectativas sobre el, pero eso fue un error de apreciación.

Nos pusimos a la cola de entrada a nuestro vagón, una mujer revisaba los pasaportes y los billetes antes de subir. Tras este rutinario procedimiento podíamos subir al tren. En el momento en el que puse por primera vez un pie dentro me di cuenta de manera inmediata que ese tren no era lo que nosotros habíamos imaginado. Retrocedimos en el tiempo varios años atrás al entrar allí. La verdad sea dicha, el tren era bastante antiguo al menos bastante más antiguo que el Flecha Roja y que el Talgo camas de España. El pasillo era muy estrecho y apenas cabíamos con las mochilas.

Pasillo al entrar al tren en el transmongoliano

Accedimos a nuestro compartimento ya que íbamos compartiendo habitáculo con otras dos personas las cuales no conocíamos. Había 3 opciones de billetes en los trenes rusos, a veces solo dos:

  1. Una opción es ir tu solo en tu compartimento sin compartir que te sale por un ojo de la cara, realmente caro.
  2. La segunda opción era compartir un compartimento con otras dos personas, que sale a un precio razonable.
  3. La tercera opción era ir durmiendo en camastros dispuestos a lo largo de todo un vagón, sin compartimentos, si acaso con una pequeña cortinilla que te separaba del resto.

Hay que decir que esta ultima opción es la más autentica y económica pero también es la menos cómoda y más cansada.

Decidimos la opción intermedia porque el precio era asequible y queríamos tener cierta comodidad pues eran muchos días y trayectos largos y en el fondo no sabíamos que se cuecen en esos vagones.

Pensamos que compartiendo con otras dos personas también conoceríamos gente, iríamos mas tranquilos y no se, en cierta medida con mas sensación de seguridad pues no es lo mismo llevar todas tús cosas desperdigadas en un vagón a llevarlas en un compartimento aunque estoy seguro de que nadie nos hubiera robado nada, tampoco era ese nuestro temor, simplemente decidimos hacerlo así por comodidad.

El compartimento era bastante pequeño comparado con el Flecha Roja y todo era bastante viejo. Se disponían 4 camas en litera como todo el mundo podrá imaginar,  dejando un pasillo entre ellas donde al final pegada a la ventana había una mesita.

Nuestro compartimento transmongoliano

Las camas estaban eternamente puestas, esto quiere decir que no se podían recoger por lo que las camas de arriba siempre estaban dispuestas para tumbarse. En la cama de abajo, que seria el asiento normal, se podía levantar y allí había como un compartimento donde podías meter las mochilas, la verdad que bastante amplio.

Las camas tenían un pequeño y fino colchón que estaba enrollado a los pies del asiento y el cual tampoco tenia el mejor de los aspectos. También había un par de toallas a cada cual de una forma y color, parecían sacadas de cualquier casa particular, no había orden en ese sentido. También teníamos unas mantas y unas sabanas. Las mantas eran iguales que las toallas, cada cual de una forma y las sabanas venían envueltas en plástico, cosa de agradecer y que daba cierta higiene al asunto. Para terminar unos pequeños almohadones.

Dejamos nuestras cosas en los asientos mientras tratábamos de acoplarnos y hacernos a la idea.

Hacia un calor asfixiante y apenas había una tenue luz amarillenta. Jo, fue como volver al pasado, una imagen que nunca olvidare y que es la esencia del viaje mismo.

En este instante cambie el chip de manera radical, mira alrededor en el pasillo mientras veía a la gente subir. Se acabaron las exquisiteces, estábamos en el transmongoliano.

Pasillo tren transmongoliano de dia

En la mesa había un pequeño mantelito que era de la misma roñosa tela que la de la cortina . Encima unas revistas en ruso y un par de botellas de agua…con gas!!. Es un problema lo del agua con gas en Rusia, allí beben mucha agua con gas, son un poco como los alemanes para eso. A nosotros no es que nos apasione pero si tienes sed y quieres dar un buen trago de agua el agua con gas no te deja todo lo satisfecho que te gustaría, no se si me entendéis.

Una vez nos trajeron las sabanas nos pusimos a montar las camas, nos cogimos las literas de la izquierda, así que iríamos en el sentido del trayecto aunque la verdad es que el tren iba a dar tantas vueltas que el sentido del trayecto puede ser cualquiera en cualquier momento.

Yo me pille la litera de arriba, me gusta más y a Raquel le gusta más la de abajo así que nunca hay peleas por esto.

En esas entró un chaval al compartimento que sin más, sin decir ni hola ni nada, se subió a la cama de arriba de la otra litera y ahí se quedó tal cual. No parecía que fuésemos a hacer mucha amistad con aquel chico.

Yo no quería ni ir al baño al principio porque me esperaba lo peor en el baño y es que los baños de los trenes son una pesadilla.

Antes de dormir en el pasillo encontré de vecino a un chaval de San Petersburgo que vivía en Paris y que hablaba inglés y con el que estuve hablando un poco. El me decía que los rusos eran un poco toscos pero que eran buena gente en el fondo y que en reglas generales eran gente que si te podía ayudar, te ayudaban y que lo único es que era eso, que no se reían mucho ni gastaban muchas bromas porque era la manera de ser de ellos y que a veces parecían antipáticos pero que no era así aunque había de todo como en todos lados. Choque cultural, no todo tiene porque ser flamenco, chistes y jolgorio.

Le conté que éramos de Valencia y dio la casualidad que el iba a ir a Valencia en Agosto así que le recomendé que visitara el barrio del Carmen y algunos sitios. Nos preguntó acerca del hotel que tenia reservado, el Vincci Lys y le dijimos que era un buen hotel y que estaba muy céntrico, que es la verdad, así que había elegido bien.

Tras al conversación y después de que volviera Raquel del baño, el tren empezó a andar y nos fuimos cada uno a su compartimento. Le pregunté a Raquel por el baño y por su cara supe que no me iba a gustar así que me subí a mi litera y me eché a dormir o intentarlo.

Por delante teníamos dos noches de tren hasta llegar a Ekaterimburgo, unas 30 horas de trayecto más o menos. Como es normal, tratábamos de coger cuantas más noches mejor en los trayectos pues así te ahorras noches de hotel y aprovechas esas noches para viajar mientras duermes. Por un lado te pierdes paisaje pero por otro ahorras tiempo y dinero. Habría ocasión para todo.

Las luces se encendieron y el aire acondicionado empezó a funcionar, el tren empezaba a moverse y dejábamos atrás las luces de la estación y la ciudad de Moscú y entonces si: ya estábamos en el transmongoliano.

Tirado en mi litera en el transmongoliano

 

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