DIA 13 (27 de Julio)-Trayecto de Moscú a Ekaterimburgo

Tras entrar y salir del compartimento lo que me pareció una multitud, amaneció para nosotros. No es que pasase la mejor noche de mi vida pero pude dormir a pesar de las continuas entradas y salidas de gente al compartimento.

Vistas desde el tren

Nos queda por delante todo el día y su correspondiente noche para llegar a Ekaterimburgo. Será de madrugada cuando crucemos la línea que separa Europa de Asia y será la primera vez en mi vida que visite ese continente.

Vegetacion y casas entre Moscu y Ekaterimburgo

El tren va lento y el paisaje es todo vegetación y casas desperdigadas. De vez en cuando el tren para, unas veces mucho tiempo y otras veces apenas un par de minutos. En ese momento nosotros no teníamos ni idea de las estaciones en las que va haciendo paradas ni el tiempo de parada en cada una por lo que bajarse del tren a estirar las piernas en principio parecía ser un riesgo. Más adelante nos daríamos cuenta de que en el pasillo del tren hay un cartel con el listado de paradas y los tiempos de espera en cada estación, pero en ese momento lo desconocíamos.

estacion y monumento comunista

La gente baja del tren a comprar comidas y bebidas. A lo largo de los andenes se disponen numeroso vendedores (predominantemente mujeres) con sus cestas y carros ofreciendo todo tipo de tentempiés como bocadillos, frutas, bebidas, etc.

Parada en el transmongoliano

En nuestro compartimento con capacidad para 4 personas viajan además de mi novia y yo, un chaval adolescente y una chica de mediana edad los cuales no vi subir. Ambos van a lo suyo, muy rusos ellos.

nuestro compartimento en el transmongoliano

La madre del chico viaja en el compartimento de al lado y se asoma a ver como esta su hijo cada dos por tres. Él está todo el rato tumbado escuchando música y durmiendo y no parece nada excitado por el hecho de tener que estar en el tren.

La chica lleva una rutina similar y también parece ser que viaja con su novio que también esta en el compartimento contiguo y el cual también se asoma a verla de vez en cuando. Así de primeras, esa es la dinámica del tren, parece que no existiéramos y cada cual va a lo suyo cosa que por toro lado pues tampoco me molesta pues mejor eso que alguien que vaya molestando pero no es el caso. Siento que ellos están algo cohibidos por nuestra presencia; no podemos comunicarnos mas que por señas.

Maquinistas rusos

Un rápido vistazo al resto del vagón me hace comprobar que parecemos ser los únicos turistas allí, cosa que me gusta.

A veces la madre del chico entra y nos dice cosas en Ruso pero nosotros le intentamos decir que no hablamos ruso y ponemos cara de circunstancia pero a ella parece no importarle, ella sonríe y se va diciendo vete tu a saber que.

Para sorpresa nuestra, nos han dado de comer; una sopa y un plato de carne con arroz blanco y 2 trozos de pan. También nos han dado una bolsa de plástico con cubiertos, vaso, azúcar, bolsas de té, sal, pimienta, servilleta y palillos, muy completo todo.

Nuestra comida, sopa en el transmongoliano

Éramos unos novatos en trenes rusos y no conocíamos nada de la dinámica de la vida en un tren allí, que es algo más que solo viajar como hacemos en España.

Las bolsas de te, el azúcar y demás nos sugería que en algún lugar o momento podríamos acceder a agua caliente y Raquel que es muy intrépida, pronto iba a descubrir el aparato en el que la vida en el tren gira alrededor suya: el samovar.

El samovar no es más que una caldera de agua caliente de acceso gratuito y cuyo objetivo es el de proporcionar agua caliente a los viajeros, algo tan simple como importante pues no solo servía para hacerte un café o un té sino también para mezclar el agua en unos botes de comida con pasta (espaguetis, fideos, etc.) que la gente comía con asiduidad. Parece ser la comida estrella en el tren.

El samovar en el transmongoliano

 

En los trenes en Rusia tener agua caliente es una necesidad pues no quiero imaginar lo que debe ser cruzar Siberia en pleno invierno. Un viaje en tren en Rusia puede llevar varios días; se puede ir de desde Moscú, hasta Vladivostok en tren, lo que la convierte en la línea de tren mas extensa del mundo (el famoso Transiberiano que recorre 9,288 kilómetros y atraviesa 7 husos horarios). El viaje dura unos 7 días y 6 noches de media así que es algo más que ir de un sitio a otro, es vivir una semana dentro de un tren. En este momento es verano y no te imaginas Rusia tan verde y tan primaveral como la ventanilla del tren nos mostraba. La realidad del invierno es bien distinta a buen seguro.

Pasillo de nuestro vagon en el transmongoliano con el samovar al fondo

Como decía, Raquel fue a experimentar con el samovar, el cual habíamos descubierto con el simple método de la observación de lo que la gente allí hacía. Fue a coger un poco de agua para hacerse un te y cuando volvió pudimos comprobar que el agua estaba llena de cosas negras que flotaban. No sabemos que era exactamente o si habíamos tenido mala suerte en nuestro primer contacto con el samovar pero decidí que no iba a beber de esa agua, de todas maneras, no suelo beber ni te ni café ni nada que lleve agua caliente.

Otro descubrimiento que hice fue el del baño del tren, al cual no había ido hasta ese momento. Bueno, nunca un baño de un tren fue algo bonito y este no iba a ser una excepción. Menudo “trono”, eso si que era un “Juego de tronos”, un juego en el que tu culo sale perdiendo seguro.

Lo primero que se me vino a la cabeza fue el deseo de no tener diarrea durante el trayecto pues pasar largos ratos en aquel espacio no era lo que mas me apetecía ni lo que había pensado cuando planificaba el viaje. No me imagino tener diarrea en un trayecto de 7 días en ese tren, menuda experiencia transiberiana te ibas a llevar.

Fuente foto: http://www.asietralala.com

La foto no es mia, la he cogido prestada de este blog pero se asemeja bastante a lo que estoy contando.

El mecanismo era simple, una taza ruinosa de metal la cual evacuaba la “mercancía” a través de un agujero que quedaba al descubierto cuando presionabas una palanca yendo a parar todos tus desecho a las sufridas vías Rusas. Poco más que decir, puse mi cuerpo y mente en modo “closed esfínter” para el resto del trayecto: la suerte estaba echada.

No hice fotos del retrete ni tampoco hice muchas fotos que quizas me hubiera gustado hacer pero no me apetecía estar con la cámara todo el dia encima tratando de fotografiar todo pues esa no era la esencia del viaje ni tampoco me parece lo más apropiado.

A mitad de la tarde, la chica que iba en el vagón se bajó del tren y por lo tanto nos quedamos mi novia y yo con el adolescente en el vagón. Al poco, el chaval se fué al compartimento de su madre y nos quedamos solos Raquel y yo hasta que volvió y nos dijo: my mother here? Inmediatamente le asentimos y le soltamos un “yes, of course” así que se trajo a su madre al compartimento.

Sacaron la cena y se pusieron a cenar. La madre era muy madre: le peló un huevo duro, le puso la servilleta encima, el pan…lo que se suele conocer como “mimar a un hijo”.

Una estacion del trayecto transmongoliano

Estacion transmongolianoNi si queríamos agua nos preguntaron, cenaron y nosotros no, pues no teníamos nada para comer y nuestra esperanza de que repartieran cena en el tren al igual que en la comida fue despareciendo con la misma velocidad con la que el sol se escondía tras nosotros. Supongo que podríamos habernos acercado al vagón restaurante y comprarnos algo pero al final nos acostamos. Antes de cerrar los ojos una mujer subió a nuestro compartimento y rauda y veloz se acostó en su litera sin darnos tiempo ni a pestañear. Debía de tener experiencia.

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