DIA 22 (5 de Agosto)-Frontera Rusia-Mongolia

Tenemos suerte de tener billetes de tren para ir hacia Ulán Bator ya que solo hay unos cuantos disponibles y mucha gente tiene que hacer este trayecto en autobús, mucho más incomodo aunque también mas rápido pero nosotros no tenemos prisa y queremos viajar en tren todo el trayecto sin excepción.

Nos levantamos muy temprano, cogimos las cosas y echamos a andar hacia la estación con tiempo suficiente por delante.

Por las mañana hacia algo de fresco pero nada traumático. El tren se había retrasado un poco pero finalmente llegó.

Transmongoliano desde Ulan-Ude Nuestro compartimento en el vagon transmongoliano

La composición de este tren era distinta. Es un tren que viene directamente desde Moscú y alterna varios tipos de vagones. El nuestro era de color verde, el color de los vagones mongoles; el escudo y todo pertenecía al ferrocarril mongol.

Pasillo vagon Mongol, transmongolianoEl vagón por dentro es prácticamente igual aunque se me antoja mas austero aun, sin alfombras y con el pasillo de color blanco.

Cuando subimos, era muy temprano y dentro de nuestro vagón alguien dormía, así que dejamos las cosas en nuestras literas y salimos al pasillo para tratar de molestar lo menos posible.

Mientras tanto, el tren echó a andar. Por allí se dejo ver la provodniska del vagón, la cual tenia toda la pinta de ser Mongola.

 

En nuestra habitación iba un hombre francés y en el compartimento de al lado unos chicos argentinos.

Toalla que ofrecian en el tren transmongoliano

Uno de los Argentinos nos preguntó algo sobre la estación medio dormitando y volvió a entrar. El tren iba despacio, íbamos hacia el sur, hacia la frontera. Cada vez se veían menos casas y tenia la sensación de alejarme de la humanidad.

Al sur a la frontera Rusa y Mongola

Poco a poco fue saliendo más gente de sus compartimentos y rápidamente nos dimos cuenta de que prácticamente todos los viajeros éramos extranjeros como si de un vagón turístico se tratase. (Bueno, en definitiva, es un trayecto que es mas barato hacerlo por carretera y tampoco es una frontera excesivamente transitada.)

Finalmente llegamos a una estación. El hombre francés nos hizo señas diciéndonos que ahí estaríamos 2 horas aunque la encargada del vagón nos dijo que 4. Aquí es donde empieza la tortuosa espera de la que habíamos leído en internet.

La gente empezó a bajar del vagón y nosotros con ellos.

Estacion RusaEl sol pegaba con mucha fuerza y decidimos dar un pequeño paseo de reconocimiento. Dentro de la estación había un control de aduanas y una tiendita donde comprar un poco de todo, como es habitual. Estábamos en la ultima estación rusa y es aquí donde harían el control de pasaportes para la salida de Rusia.

Al rato se acercaron los argentinos y empezamos a hablar con ellos y al rato se unieron unas españolas que también viajaban en el tren. Y básicamente así pasamos el día, subiendo y bajando del vagón, hablando un rato con unos y otro rato con otros.

Ultima estación en RusiaLo último que compre en Rusia fueron unas bebidas y unas pipas accidentales, pues la chica de la tiendita no tenia cambio y para compensar pues me llevé un par de bolsas de pipas, las cuales tuvieron un gran éxito entre los habitantes del vagón. Las pipas son diferentes, había bolsas de distintos tamaños de pipas (no de bolsa) pero en general son pequeñas y compactas pero están bastante buenas la verdad.

Al rato se subió al tren y concretamente a nuestro compartimento, una chica mongola, la cual iba a cruzar la frontera también en el tren.

Estábamos en el anden hablando todos tranquilamente y de repente empezaron a llegar militares y policías y se acabó la tranquilidad. Nos obligaron a todos a subir al tren y se llevaron todos los pasaportes de los que ahí habíamos.

En la parte de atras del tren camino de Mongolia

El vagón era un infierno del calor que había, volvimos a bajar una vez se llevaron los pasaportes pero al rato volvieron con ellos y con un perro. Nos volvieron a ordenar subir al vagón donde nos devolvieron los pasaportes sellados y registraron el vagón con el perro y desde ese momento ya no podíamos bajar del tren pues oficialmente ya no estábamos en Rusia, nos habían sellado el pasaporte con el sello de salida del país por lo que no teníamos permiso para pisar suelo ruso, algo muy estricto pero que tenia lógica.

El calor era realmente asfixiante, un verdadero agobio.

Nosotros nos pusimos a hablar con el hombre francés que resultaba que viajaba con sus hijas y su mujer que iban en el compartimento contiguo. Estuvimos hablando con el y con la chica mongola sobre viajes (el tipo por lo visto había viajado bastante y le gustaban los viajes mas allá de la típica turistada) A la chica mongola le estuvimos  preguntando su nombre y de donde venia como pudimos, fue muy interesante, la verdad.Caballos en Rusia

Tras lo que pareció una eternidad de más de 4 horas el tren comenzó a andar. El sol empezaba a bajar y el tren se movía lentamente rodeado de alambradas y verjas. Es uno de esos momentos de viaje que más me gustan, el cruzar fronteras especialmente de esa manera. Prohibieron terminantemente hacer fotos de la frontera y el trayecto por la ventana, cosa que por supuesto muchos hicimos de manera disimulada, así que alguna foto pude hacer.

Pasábamos por un territorio que parecía ser tierra de nadie, la frontera pura y dura. Pasamos un puesto ruso, una última caseta con la bandera rusa. Por todos lados se veían las torretas de vigilancia fronterizas y las vallas bastante altas: abandonábamos Rusia definitivamente.

Cruzando la frontera de Rusia y Mongolia Dejando atras Rusia

Muy lentamente el tren avanzaba entre las torretas, alambradas, vallas y tras unos metros vimos por primera vez la bandera mongola.

Pasamos un puesto fronterizo similar al ruso pero Mongol. Paramos y subieron unos agentes mongoles que revisaron el tren por debajo y nos dejaron seguir adelante hasta que llegamos a una estación, la estación de Sukhbataar.

En la frontera de Mongolia

Caseta fronteriza mongolaCuando llegamos había empezado a lloviznar. Subieron al tren agentes de aduanas de Mongolia y se llevaron los pasaportes y las tarjetas de inmigración que habíamos rellenado momentos antes así que ahora nos tocaba esperar ahí sin poder bajar. Mientras tanto subieron cambistas de dinero con enormes fajos de billetes, dispuestos a realizar suculentos cambios…para ellos. Nosotros cambiamos lo que nos había sobrado de Rublos rusos.

Al cabo de un rato volvieron los agentes de aduanas y nos devolvieron los pasaportes sellados. Al devolvértelo se te quedaban mirando de arriba abajo un buen rato, comprobando que el de la foto eras tu.

Al llegar a MOngolia, Shukbaatar

A la chica mongola que viajaba en nuestro vagón le pusieron pegas ya que en la foto del pasaporte estaba bastante mas delgada así que le hicieron varias preguntas pero finalmente la dejaron bajar ya que ella se quedaba en esa estación.

Estación de Shukbataar, MongoliaCada vez llovía con mas fuerza, yo apenas baje un par de minutos al anden pero rápidamente el tren partió, ya en noche cerrada, rumbo a Ulán-Bator, la capital de Mongolia.

Cenamos lo poco que nos quedaba de comida y el hombre francés nos invitó a una copa de vino blanco y así cenamos.

 

Cartel mongol

La mujer e hijos del francés pasaban de vez en cuando por la habitación y sorprendentemente para mi, iban descalzos por el vagón. Aseguro que la palabra higiene no tenia cabida en ese espacio, ir andando por ahí suponía arriesgarte a contraer como mínimo hongos o una infección ante cualquier herida, riesgo totalmente innecesario teniendo en cuenta donde estábamos. A mi me pareció una marranada, era algo que no me apetecía hacer bajo ningún concepto pero la gente es muy feliz y alegre y en fin, quizás yo sea muy exquisito.

Al rato, ya tranquilamente, comencé a mirar por la ventanilla y me invadió una profunda sensación de lejanía al comprobar el paraje por donde transcurríamos. No se veía nada, ni una luz. Las pocas cosas que se podían apreciar eran naturaleza y esporádicamente algún Ger, la casa nómada típica mongola. Atravesábamos un sitio remoto de verdad y podía sentir los kilómetros en mi pies y dentro de mi: es una sensación extraordinaria, me sentía completamente feliz.

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