DIA 7 (21 de Julio)-San Petersburgo

Hoy me he levantado temprano para ducharme y lavarme el pelo  y fíjate tu que casualidad que no había agua caliente….esto es lo malo de los hostel, que como coincidas con mas gente a la hora de la ducha, te quedas con el agua fría.

Era nuestro último día y teníamos que dejar el hostel así que hemos hecho el check out y dejado las maletas en la consigna de recepción.

Habíamos decidido que para el último día íbamos a ir al palacio de Peterhof, el cual no habíamos podido visitar antes por culpa del mal tiempo y lo caro que resultaba ir en barco, así que hemos hecho el plan B que consistía en ir en autobús, por lo que hemos cogido el metro hasta la parada de Obtovo y de ahí en un microbús hasta Peterhof que esta a un rato de San Petersburgo a la orilla del mar Báltico.

El microbús nos ha salido por 60 rublos frente a los 800 que costaba el barco, así que no hay mucho más que decir.

Iba mucha gente al palacio y hacia un bonito día de sol y buena temperatura. Antes de entrar hemos decidido volver un poco atrás y visitar una bonita iglesia ortodoxa (Catedral de los santoa Pedro y Pablo) que hemos visto por la ventanilla del microbús.

Catedral de los santos apostoles Pedro y Pablo

Me he aventurado a entrar y me he encontrado con una escena curiosa, una ceremonia en la cual un sacerdote le estaba cortando pelo a un niño muy pequeño junto a los que supongo eran sus familiares. No he querido ser indiscreto así que he salido rápido pues no había casi nadie y mi presencia destacaba entre los feligreses aunque no ha habido malas caras ni nada extraño pero por respeto.

Tras esto hemos ido al palacio, hacia la zona de los jardines pues el palacio cuenta con unos jardines de extrema belleza comparados con los jardines del palacio de Versalles, en las proximidades de Paris.

Fuente en la entrada a Peterhof  Detalle palacio peterhof  Fuente y edifico de palacio en Peterhof

Solo hemos comprado entradas para los jardines ya que habíamos leído que el palacio no tenia nada especial y aunque la chica de la taquilla era bastante lerda (no se enteraba ni para atrás, no sabíamos ya como explicarle lo que queríamos, no se si se ha puesto nerviosa o que ha pasado pero ha sido surrealista, incluso la gente de alrededor le trataba de explicar lo que queríamos pero no se enteraba), finalmente los hemos comprado.

Entrada a peterhof

Jardines y fuente palacio PeterhofA primera vista son unos jardines preciosos y sin querer entrar en comparaciones con Versalles, se podría decir que hay cierta similitud aunque los de Versalles son mas grandes.

Jardines palacio Peterhof  Canal palacio Peterhof y jardines

Hemos caminado por los jardines, donde se distribuyen distintos puestos de venta de bebidas y comida rápida los cuales estaban atestados de gente. Caminando llegamos a la parte final, donde esta el muelle de entrada de los dichosos barquitos de 800 rublos y desde donde se tienen unas magnificas vistas del mar báltico y donde se puede divisar la ciudad de San Petersburgo a la lejanía.

Fuente y palacio de Peterhof

Ahí había como unas pequeñas playas donde el agua apenas cubría por mucho que uno andase hacia dentro y donde los Rusos se bañaban y divertirán como si fuese el mismísimo Benidorm.

Nos hemos dejado contagiar por la alegría y desenfado Ruso, los cuales no dudaban en quedarse en ropa interior apara aprovechar esos rayos de sol y disfrutar del momento playero de los cuales imagino tendrán muy pocos al año y pocas oportunidades de estar en una playa y disfrutar bañándose.

En el mar Baltico

El mar báltico es un mar frio pero donde estábamos, al estar resguardado, no estaba especialmente frio y era agradable meter los pies. Al final nos hemos animado y tras encontrar Raquel una moneda bajo el agua (esta chica encuentra dinero en todos lados) hemos caminado con los zapatos en la mano, a través del agua esquivando las resbaladizas rocas que allí había.

Pequeña playa en el palacio de Peterhof

No encontrábamos motivos para estar más tiempo allí, habíamos disfrutado un buen rato del clima y las vistas y nos hemos sentido un poco rusos al compartir ese momento de relax allí mezclados con todos, imitando sus costumbres.

Hemos recorrido el camino de vuelta y hemos salido en busca del autobús sin dejar de hacer fotos por todos lados; queríamos llegar a San Petersburgo para comer allí y evitar pagar caro una mala comida en el palacio.

Fuente y palacio Peterhof al fondo  Lago con cisnes en Peterhof

Desde el lateral en Peterhof  Detalle fuente palacio Peterhof

La vuelta ha sido muy rápida y nos ha dado tiempo a visitar algunas estaciones de metro que no conocíamos y que son famosas por sus decoraciones. El metro de San Petersburgo es el mas profundo del mundo y sus estaciones, al igual que las de Moscú, están decoradas como museos y palacios; de hecho se decía que el metro era el palacio del pueblo. Los soviéticos los convertían en verdaderas obras de arte para disfrute del pueblo ruso y así dotar de cultura cualquier parte y momento de la vida soviética.

Metro de San petersburgo  En el metro de San Petersburgo

Candelabros metro de san petersburgo motivos sovieticos en el metro de san petersburgo

tren en anden del metro de san petersburgo largas escaleras metro san petersburgo

Usuarios metro san petersburgoHacía calor y por lo tanto hemos decidido ir a comer al centro comercial que el día anterior habíamos descubierto junto a la estación de tren, pues ahí se estaba muy fresquito y había multitud de cosas para comer. Yo me he comido un trozo de carne que me ha costado demasiado caro para lo que era y Raquel ha pedido una patata rellena y nos hemos sentado un buen rato a comer. El sitio era el típico en el cual hay mogollón de mesas en un sitio rodeados de multitud de cadenas de restaurantes pudiendo así elegir cada uno que es lo que quiere comer y poder sentarse juntos cada cual con su bandeja.

Hall sovietico metro san petersburgoHall metro san petersburgo

Nos hemos dado cuenta de que la gente no suele llevar su bandeja a dejarla en el sitio especificado para tal fin como se hace aquí, allí tenían a una persona que se encargaba específicamente de hacer eso además de limpiar las mesas y nos dió la sensación de que si recogíamos nosotros nuestra bandeja le estábamos haciendo un flaco favor a la persona encargada de recoger, pues daba la sensación de que o no hacia bien su trabajo o no se, pero el caso es que nosotros hacíamos lo que veíamos y no recogíamos la bandeja y la dejábamos ahí para que la persona encargada hiciera su trabajo.

Como todo buen centro comercial, en la parte de arriba del todo, tenían un salón recreativo pero este salón recreativo era descomunal, tenían de todo hasta una especie de feria dentro, en fin, gigantesco.

Ahí sacabas una tarjeta y la recargabas con dinero y la ibas usando en las distintas atracciones y juegos. Raquel y yo tenemos un pique especial desde que nos conocimos a la maquina de aire de discos. Tras perder dos partidas seguidas contra Raquel y jugar a una maquina de disparos de zombis, nos hemos ido a andar un rato puesto que ya había bajado un poco el calor del mediodía y hemos ido a visitar alguna cosa que nos quedaba como una calle que se supone tiene una geometría perfecta, mide lo mismo de alto que de ancho y 10 veces justas de largo (22x22x220).

Calle centro san petersburgo

También hemos caminado hasta un parque muy bonito y tranquilo en el cual hemos estado sentados más de 1 hora mientras hablábamos de mil cosas. Unas abuelas que estaban sentadas en nuestro mismo banco se han atrevido y nos han preguntado un poco por señas que de dónde éramos; seguro estaban oyéndonos y observándonos todo el rato y según entendimos estaban tratando de adivinar de donde éramos pues el idioma lo desconocían. Eran muy simpáticas y nos ha hecho gracia que nos preguntaran de la manera que lo han hecho.Bonito edifico en san petersburgo

De ahí nos hemos ido a tomar un frappe helado como nos gusta a nuestra cafetería habitual y nos han hecho un 2×1, así que mejor no podía ser la cosa.

Hemos ido a apurar el día, a hacer fotos a la iglesia del salvador sobre la sangre derramada, la cual invita a hacer fotos cada vez que pasas delante de ella pues es sencillamente espectacularmente bella.

Ultima foto en iglesia del salvador de la sangre derramada

Hemos vuelto al hotel a coger las maletas y a mirar internet un rato haciendo tiempo. Tras esto hemos ido a la estación, nuestro tren estaría en la vía esperando 1 hora antes de su salida. Mientras esto ocurría nos dedicamos a observar la vida de la siempre ajetreada estación, el ir y venir de los distintos viajeros, cada cual con sus maletas y sus historias dentro de ellas. Las estaciones de tren son una metáfora de la vida y quedarte observando su actividad invita al pensamiento y la reflexión y al menos a mi me hace sentir cosas que ningún otro lugar me hace sentir.

Cupulas en salvador sobre la sangre derramadaDe repente el tren llegaba a la vía tirado por una pequeña maquina con una estrella roja al frente. Todos los vagones rojos, el Flecha Roja es el tren más antiguo de Rusia, que recorre por la primera línea de ferrocarril que se construyó en Rusia en la que es la red mas extensa de ferrocarril en el mundo, el trayecto entre San Petersburgo y Moscú.

Ese tren ha dado lugar a muchas novelas e historias. Mucha gente ha viajado en el, gente importante, viajeros empedernidos y personas de toda condición.

Tren Flecha Roja

Sus 8 horas de trayecto a través de la noche uniendo las dos principales ciudades Rusas, te hacen participe de un viaje a través de la historia, un privilegio y placer para aquellos que aman los viajes en tren y viajar en general.

Empezando el viaje en tren transmongoliano

Hoy en día el trayecto se puede hacer en poco más de 4 horas en trenes rápidos y modernos y en apenas poco más de 1h y 30 en avión pero el Estrella Roja es para aquellos que les gusta disfrutar, para los nostálgicos y a los que les gusta sentir el camino a cada paso, sentir las marcas que el recorrer del recorrido deja en el cuerpo, los que no tiene preocupación por cuando llegar sino por el hecho de ir sin importar donde. También es para aquellos que odian el avión, claro.

Nuestro vagon en el flecha roja

Entonces ahí estaba frente a mi, todo de color rojo con sus inscripciones en amarillo como surgido del pasado, elegante, majestuoso. Pasajeros de otros trenes lo miraban con envidia y los afortunados viajeros como nosotros sacábamos con emoción los billetes buscando nuestro vagón ansiosos de poder entrar y descubrir su interior.

Hay que decir que el tren ha sido renovado y que lo vagones nada tienen que ver con otros trenes de dentro de la propia Rusia. Se nota que es un tren especial, es una atracción turística pero también es una parte muy importante de la historia rusa y como tal, luce brillante y majestuoso y ofrece una cierta comodidad que hace del viaje una experiencia bonita de recordar.Interior del compartimento del flecha roja

No es de extrañar ver a jóvenes parejas, como nosotros, viajar en el tren. Es romántico aunque suene cursi y aunque nosotros huyamos de estas situaciones y lugares, esto es distinto sin lugar a dudas y nada que ver con la horterada en la que suelen caer los lugares y situaciones románticas mas cotidianas.

Creo que ya no es un secreto para el lector que me apasionan los trenes y que me encontraba frente a uno de los primeros momentos mas esperados del viaje: el viaje en tren. En ese momento no podía visualizar todo lo que me quedaba de andar en tren pero ahí empezaba el Transmongoliano de verdad, empezábamos a coger trenes y a movernos hacia oriente con rumbo definido pero no por ello falto de adrenalina y emoción.

Cuando el tren entra en el andén, suena por megafonía el “Himno de la Gran Ciudad”, del compositor Glier. Antiguamente antes de partir, los rusos sacaban el vodka y brindaban por un buen viaje; hoy en día es posible que lo sigan haciendo pero no tuve el placer de brindar al partir.

Nosotros teníamos billetes en dormitorio compartido pues los billetes en camarote privado son sencillamente prohibitivos y aunque no recuerdo bien los precios podríamos hablar de unos 500Pasillo dentro del Flecha Roja euros el compartimento en primera clase. Nuestros billetes eran sensiblemente más baratos, pues compartíamos habitación con otras dos personas.

Cuando subimos, la azafata nos miró los billetes muy sonriente y nos invitó a pasar. Nos dirigimos a nuestro camarote el cual estaba vacío y nos encontramos con las camas ya preparadas. En la mesa había agua, zumo, té, y una bandeja con varias cosas para comer y que suponíamos era para desayunar, pues la hora de la cena ya había pasado hacía rato.

En primer lugar pensábamos que íbamos a ir solos pero tras estar haciendo muchas fotos, entró una pareja también joven que iban a ser los que compartirían habitación con nosotros. Eran rusos y por supuesto no nos entendíamos ni por señas, ellos son gente un poco fría sobre todo en la relaciones cercanas y aunque se mostraron simpáticos, no pudimos cruzar apenas dos palabras para decir que éramos españoles, ante lo cual sonrieron y tras indicarnos que ellos eran rusos todos nos dimos cuenta de que poco más podíamos decirnos.

El tren por dentro es una pasada, es impecable, no había viajado en un tren con camas de ésta magnitud, se veían anchas y los colchones confortables, nada que ver con los trenes Elipsos que van desde España a distintos puntos de Europa o el Talgo camas que une distintos punto de España, (un tren que ya esta obsoleto con olor a naftalina y que necesita una urgente renovación pues su elevado precio es totalmente desmedido en comparación con lo que ofrecen).

Este tren no tenía nada que ver, las cortinillas majestuosas con las iniciales del tren, el mantelito en la mesita, las paredes del vagón impecables, espacioso, temperatura ideal… podría haber vivido por años dentro del tren.

Desde la ventanilla del flecha rojaEsa sensación ahí sentados rumbo a Moscú en el Flecha Roja con gente desconocida, me hizo sentir de viaje de verdad. Lejos de casa, rumbo a más lejos aún, empezando una aventura que me llevaría muchos días y kilómetros a recorrer, es difícilmente descriptible esa sensación solo conocida por aquellos que gustan de viajar.  Miraba por la ventanilla, veía a la gente pasar, subirse a otros trenes y la emoción me embriagaba. A la hora en punto el tren empezó a andar, empezamos a salir de la estación y dejábamos atrás San Petersburgo, una ciudad preciosa con multitud de cosas para ver y hacer y que nos había dado la bienvenida a Rusia.

Una vez el tren se adentró en la oscuridad me fui al baño a cambiarme y ponerme cómodo para dormir. La verdad es que el baño aunque no estaba del todo mal, era un baño de tren y no es que me entusiasmase pero bueno, al volver me encontré con que ya Comida en el flecha rojaestaban todos medio acostados, así que subí a la cama de arriba dispuesto a leer un poco y escuchar un poco de música. Arriba en la otra cama también dormía el chico de la otra pareja así que estaban las chicas abajo y los chicos arriba. Yo pensaba que como me diera por roncar se iban a acordar de mi el resto de sus vidas como “el que nos jodió el viaje romántico en tren” y eso me apuraba un poco pero que le vamos a hacer. Yo me puse a escuchar música y mientras el otro chico leía en su litera hasta que finalmente apagó la luz.

De repente todo estaba a oscuras iluminado solo por las ocasionales luces que entraban a través de la cortinilla de la ventana y solo nos acompañaba el traqueteo hipnótico del tren acompasado con el ruido de las ruedas ocasionado por la fricción con el carril. Me puse los auriculares y de repente empezó a sonar en mis oídos el magnifico himno ruso cantado por el ejercito (el himno clásico) y fue el momento mas ruso que posiblemente tuve en todo el viaje, con el himno sonando en mis oídos durmiendo en el Flecha Roja rumbo a Moscú en la madrugada junto a rusos desconocidos. Podría haber muerto en aquel momento y habría sido un gran final.

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