DIA 2 (16 de Julio) -Viaje de Ida-(1/3)

Esta mañana no hemos levantado a las 6:25; muy temprano para los horarios que tengo últimamente.

Rápidamente hemos cogido las cosas y hemos bajado ya que queríamos coger el tren de las 7:00 (7:11 para ser exactos). Hemos cogido el tren a la hora que tocaba y hemos llegado en 15 minutos al aeropuerto de El Prat. Nuestro vuelo salía por la T2, con la compañía Air Berlín.

Estuvimos barajando dos opciones para el viaje de ida: Una opción con Vueling desde Barcelona en vuelo directo y esta opción con Air Berlín haciendo escala en Stuttgart. El vuelo de Vueling era de madrugada, nos dejaba en San Petersburgo a las 7 de la mañana aproximadamente (contando las dos horas de diferencia horaria) y era mas barato que el de Air Berlín.


El de Air Berlín, sin embargo, era por la mañana y nos dejaba a media tarde en San Petersburgo; lo malo es que había que hacer escala y esto hace que se tarde un poco más a la vez que era más caro pero por el contrario, Air Berlín nos parecía mejor compañía y la hora de vuelo mucho mejor para viajar porque llegar a San Petersburgo tan temprano sin apenas dormir y, consecuentemente cansado, no nos hacia mucha ilusión así que preferimos pagar más y tener un vuelo mas descansado, llegando a una hora que nos parecía mas adecuada.

Así que ahí estábamos, en la T2 del Prat; nunca había volado desde el aeropuerto de Barcelona aunque si que había estado siendo muy pequeño. Después de pesar las mochilas, que no llegaban a 10 kilos ninguna, y tras decidir que no las embalábamos por pereza y por el precio (6 eurazos), fuimos a dar una vuelta por el aeropuerto pues aun no habían abierto facturación para nuestro vuelo.

t2 de el prat

He de confesar que estaba algo nervioso por volar y aunque he montado montones de veces en avión en distintas compañías y hacia distintos países, le había cogido miedo al avión y, desde que volví del viaje a Estados Unidos (hace ya 3 años), no había vuelto a subir en uno. Nunca había tenido miedo a volar hasta ahora, pero bueno, tampoco entro en pánico, simplemente me desagrada la idea y me pone tenso. Me esperaba un viaje de vuelta de muchas horas de duración así que esto no era nada.

Abrieron facturación y conseguimos las tarjetas de embarque. Subimos y entramos por otro lado distinto del habitual, lo que nos evito una grandísima cola. El aeropuerto estaba medio vacío, no se veía mucha gente por ahí.

Ventana al lago Baikal

En la pista veíamos los aviones de Air Berlín, el típico Boeing que se usa para viajes cortos. Dimos una vuelta por los dutty free en los que nunca compramos nada, compré un periódico en un quiosco y nos fuimos a desayunar pues aun quedaba bastante tiempo. Tras ser estafados por un zumo de naranja y un croissant, nos fuimos a la puerta de embarque, que era la M3. Allí había varias personas, entre ellas unos chavales, aparentemente alemanes, que parecían estar de resaca, tirados en los asientos, algunos de ellos durmiendo.

Airbelrin en el prat

Finalmente tras un rato subimos al avión y este se dirigió a la pista de despegue en lo que se me hizo una eternidad, y es que la pista de despegue parece estar lejos. Tomamos pista, aceleramos y arriba. La verdad es que todo fue perfecto, Barcelona desde el aire nunca la había visto y enseguida nos avisaron de que nos podíamos quitar los cinturones. Nada de turbulencias, hacía un día magnifico para volar, como suelen decir en las películas. En apenas 1 hora y 20 estaríamos en Stuttgart y volaríamos por encima de Francia, Suiza, etc.

Disfrutando del atardecer en el lago baikalArriba la vista se puso muy interesante cuando pasamos por los Alpes con sus picos nevados y todo tan bonito, magnifica cadena montañosa la cual aciertas a adivinar su altura por lo cerca que ves pasar las cimas y picos. Realmente merece la pena subirse a un avión aunque solo sea por ver esto, para ver los Alpes desde el avión, como quien madruga para ver amanecer; el precio del billete se justifica con esta vista y desde luego nos alegramos mucho de haber elegido viajar de día y así poder observar el paisaje, y ya no solo los Alpes, sino los ríos, los pueblos, valles, carreteras y campos: todo es mas impresiónate desde el aire y adquiere otra dimensión.

Llegamos a Stuttgart con poco tiempo de margen ya que salimos con un poco de retraso aunque ya sabíamos que entre vuelo y vuelo lo teníamos justo cuando compramos los billetes pero Stuttgart no tiene un aeropuerto enorme y da tiempo: el problema viene porque nuestro vuelo a San Petersburgo salía desde una zona donde había control de pasaportes pues el vuelo partía a un país no perteneciente a la unión Europea. Para entrar en Rusia necesitas no solo pasaporte en regla sino también visado. Si no tienes visado te mandan de vuelta a casa en el primer avión que sale. En este caso no nos hubieran dejado ni subir al avión.

transib (2038)En la terminal había mucha gente esperando, parecía que el vuelo se retrasaba. De vez en cuando decían algo en Alemán por megafonía, no se que de Barcelona. A la 2ª vez que lo escuché me mosquee porque nosotros veníamos de Barcelona así que me fuí al mostrador y le enseñe el billete a la chica que lo miró y empezó a meter mis datos en el ordenador. Luego pidió los de Raquel. Al final no sabemos porque decían lo de Barcelona pero el caso es que algo nos faltaba por hacer. La gente por allí sonreían como diciendo: “estos no se enteran de nada”.

Columna en MoscuEn el vuelo de ida nos dieron un bocadillo y algo para beber, cosa de agradecer porque además de aliviar el hambre, te entretienes: mientras te lo dan, te lo comes y lo recogen prácticamente se pasa el vuelo, además subir a un avión y que no te den nada para comer y luego criticar hace que volar sea una experiencia vacía e incompleta, y es que nos gusta lo gratis y criticarlo (aunque el bocata y el zumo del avión te lo pagas con creces con el billete). El caso es que nos dieron a elegir “no se que” y hemos elegido al azar porque no entendíamos nada; estaba bueno ya que estaba caliente y no se que llevaba pero me lo he comido, anda que no. Encima en la servilleta que me han dado había un sudoku y he visto la ocasión perfecta para aprender a hacerlos ya que nunca había hecho uno. En aquel momento no sabia la cantidad de sudokus que iba a hacer a lo largo del viaje, pero parecía un niño con aquel trozo de papel con números. He de confesar que hasta que no le cogí el truco me costaba pero una vez te haces de una estrategia, ya lo tienes.

IzmailovoMe sirvió para matar el tiempo y hacer mas corto el viaje: entre el bocata, el sudoku y lo que llevaba para leer, cuando quise darme cuenta, estaban avisando de que íbamos a empezar a descender,(cosa que mis oídos ya habían empezado a notar hacia unos minutos y es que mi oídos y el avión no se llevan bien, sobre todo al descender aunque últimamente no me va tan mal desde que me opere del tímpano).

A la que si le iba mal era a Raquel que le cogió un dolor en la cara, en la boca y cabeza en general, que se creía que se moría; llegó a asustarme porque por momentos parecía que iba a perder el conocimiento y, además, Raquel no es una persona que sea dada a la queja, así que debía de dolerle bastante.

descendiendo

Yo me puse a grabar un video del descenso y aterrizaje en tierra Rusa y, ya se que esta prohibido, pero no nos íbamos a matar por aquello (¿no?); y es que aterrizar es algo que me gusta, al igual que antes me gustaba mucho despegar: cuando el avión, enfila la pista de despegue, y empieza a acelerar de repente, todo el mundo se queda en silencio dejando paso al tremendo sonido de los motores enfurecidos que advierten de la intensa lucha que contra la gravedad esta a punto de acometer.

La inercia te pega al respaldo de tu asiento, ves a lo lejos el aeropuerto a gran velocidad pasar y de repente notas la suavidad que se produce al perder el contacto físico del avión con el suelo, ves elevarse la parte delantera del aparato y sientes una especie de vahído momentáneo que parece desorientarte un breve pero intenso segundo: es un momento tenso, y consecuentemente intenso.

Miras por la ventanilla y empiezas a verlo todo cada vez mas lejano, el avión gira para ponerse en ruta mientras el altímetro y la velocidad suben consecuentemente hasta que finalmente la luz de cinturones abrochados se apaga y empiezas a disfrutar de la magnifica experiencia y suerte que significa volar a miles de metros de altura por encima de las nubes, por encima de tus preocupaciones que se quedan atras, junto a la monotonía.

Aterrizar es emocionante por igual: descender del cielo cual pájaro, mientras notas que el el piloto se hace con los mandos del avion y empieza a hacer las maniobras de aproximación al aeropuerto atravesando las nubes mientras tus oídos y tu estomago avisan de la perdida de altura.

Y es que en el momento en el que el capitán desconecta el automático y coge los mandos del avión, la incertidumbre y el movimiento vuelven a llenarnos de adrenalina que silencia nuestras bocas y deja como únicos protagonistas al piloto y al avión, alentados por decenas de plegarias espontaneas.

Cuando despego pienso que no vamos a terminar de subir y que caeremos en cualquier momento sin embargo cuando aterrizo siempre tengo la sensación de que todo va a ir bien y aterrizaremos sin problemas: son las ganas de llegar.

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